Me repito siempre al comentar que uno de los momentos más emocionantes como autor es el de ver la criatura romper aguas. Esto, en el caso del escritor, se traduce en contemplar el libro impreso tras años de batalla campal contra el folio en blanco, a los que siguen luego esa otra batalla, estratégica y de resistencia, casi de trincheras, por lograr que la historia capte la atención de alguna editorial que se lance a publicarla. Es un periplo muy largo, a menudo desesperante. Mucho más cuando se trata de una novela extensa y ambiciosa, como ocurre con Sones de Iemanyá. En total, cuento casiRead More →