Reseña publicada originalmente en la web de Bibliotecas Públicas municipales de Madrid


Esta semana traemos como recomendación un título que se constituye en obra referencial dentro del género del cuento. Se trata de El cobrador del escritor Rubem Fonseca, publicado por primera vez en Brasil en 1979. Con este libro, Fonseca cierra el ciclo de antologías de relatos que comenzó con Los prisioneros, su primer libro de cuentos, publicado en 1963, a la edad relativamente tardía de 38 años. En él se abordan los temas centrales de su escritura, que lo han convertido en un autor polémico y renovador del género: la violencia, el crimen, la represión o la pornografía, que para él no son más que realidades estructurales del ser humano.

A respecto de esta última, decía: “Hay personas que la aceptan en cualquier parte, principalmente en su vida privada, menos en el arte, creyendo, como Horacio, que el arte debe ser dulce et utile. Al atribuir al arte una función moralizante, o de entretenimiento, esa gente acaba justificando el poder coactivo de la censura, ejercido bajo alegatos de seguridad o bienestar público”. De este modo, Rubem Fonseca nunca hace concesiones al buen gusto o a la paz del lector en sus historias, sino que pretende trasladarle la cruel realidad sin artificios ni disfraces.

Así por ejemplo, el cuento que abre el volumen y que le da título, “El cobrador”, está protagonizado por un misántropo asesino que, acompañado de su mágnum calibre 38, empieza a cobrarse deudas al azar con todo el que se cruza por su paso: el dentista, un conductor de un Mercedes, una pareja en la playa… Y en “Pierrot en la caverna”, el narrador es un escritor pedófilo que no redacta una línea, sino que registra su pensamiento en una grabadora: mantiene relaciones con mujeres, pero en realidad está encaprichado de su vecina de 12 años.
Consecuentemente con su forma de concebir la literatura, el estilo de todos los cuentos es muy directo, áspero, a veces salvaje. Fonseca se muestra en contra del adorno literario, lo que no va en perjuicio de una construcción magistral de las historias. Casi todas ellas están narradas en primera persona, para mejor transmitir la voz particular de cada protagonista, adoptando frecuentemente estructuras y rasgos del género policial, periodístico o del habla callejera, de los que el autor se vale para alcanzar el mayor grado de expresión y de impacto en el lector.
En resumen, un libro imprescindible para conocer la evolución del género durante el pasado siglo, en particular en Latinoamérica. Uno por uno, los siete cuentos que lo integran se revelan como pequeñas alhajas literarias.
Más información sobre Rubem Fonseca y su obra en el blog Letras Libres

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